El sistema de posicionamiento global, GPS, funciona a través de la interconexión de redes de satélites que son controlados por diversos gobiernos y agencias en todo el mundo. Estos satélites GPS transmiten señales al rastreador GPS, que funciona como dispositivo receptor, por lo que su eficacia depende en gran medida de la tecnología con que cuente para mantener una óptima señal entre el satélite emisor y el GPS receptor.

Para determinar la posición de nuestro automóvil, el receptor GPS del navegador localiza un mínimo de cuatro satélites de la red, de los que recibe las señales que informan de la identificación y la hora de cada uno de ellos. Con esta información, el aparato sincroniza el reloj del GPS y calcula el tiempo que tardan en llegar las señales de los satélites al equipo. Así, mide la distancia al satélite mediante el método de trilateración inversa (basado en determinar la distancia de cada satélite respecto al punto de medición). Una vez conocidas las distancias, se determina fácilmente la posición del objeto o persona con respecto a los satélites.

Conociendo además las coordenadas o posición de cada satélite por la señal que emiten, se obtiene la posición absoluta o coordenadas reales del vehículo, así como una exactitud extrema en el reloj del GPS, similar a la de los relojes atómicos que llevan a bordo cada uno de los satélites.

Con las funciones con que cuentan los sistemas rastreadores GPS de vehículos también se pueden configurar diferentes alertas que se activarán si se excede la velocidad o se pasa de ciertos límites geográficos. Los datos se enviarán a los teléfonos móviles o las cuentas de correo previamente autorizados para monitorizar este proceso, así como los usuarios del vehículo también recibirán un SMS avisándoles de la ubicación del coche cuando lo reciban.


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